El pasado domingo 21 de junio nuestro campo volvió a convertirse en un escenario donde la destreza tuvo que rendir cuentas ante el capricho del destino. Celebramos una nueva Tirada de Dados, esa singular modalidad en la que pueden medirse arqueros y arqueras de todas las categorías, pero donde no es la voluntad quien dicta el desafío, sino el imprevisible mandato de los dados. Ellos deciden la tirada; nosotros solo podemos aceptar el reto y demostrar que, incluso frente a la incertidumbre, el buen arquero nunca deja de tensar la cuerda. Cada impacto certero conquistaba un punto; cada flecha en el blanco designado porcel azar era una pequeña batalla ganada.
La jornada transcurrió en un ambiente magnífico, donde la rivalidad quedó, una vez más, subordinada al compañerismo. El calor quiso imponer su ley, pero el viento, convertido por momentos en inesperado aliado, acudió al rescate para hacer más llevadera la contienda.
Y como toda gran aventura merece un episodio inolvidable, el descanso nos regaló uno digno de ser contado. Los bocadillos llegaron sin identificar y, salvo los de tortilla, fácilmente reconocibles, el resto quedó envuelto en el misterio. Así nació el ya legendario “bocadillo ruso“: elegías uno con decisión… y solo al abrirlo descubrías cuál era el premio que el azar había reservado para ti. Una prueba de valentía gastronómica casi tan emocionante como la propia competición.
Al finalizar la mañana no hubo únicamente vencedores en la clasificación. Ganaron las risas compartidas, las conversaciones entre amigos, las flechas bien lanzadas y el placer de disfrutar, una vez más, de nuestro deporte rodeados de la mejor compañía.
Porque en la Tirada de Dados nunca basta con apuntar bien: también hay que saber sonreír cuando la fortuna decide poner a prueba nuestro pulso.
Por Paco Pacios y Alfredo Illescas
¡Gracias a todos los participantes por convertir una mañana cualquiera en una jornada digna de ser recordada!
